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EXTREMODURO: Otra inútil canción para la paz – THE WATERBOYS: Red Army Blues

LA POSIBLE COPIA

 

EXTREMODURO: Otra inútil canción para la paz

 

 

“Otra inútil canción para la paz” apareció como el tercer corte incluido en el décimo disco de estudio de la banda española Extremoduro, editado el 24 de mayo de 2011. El álbum contenía 6 canciones que, en total, superaban los 43 minutos.

 

 

El tema, de corte pacifista y más de seis minutos, comienza con un saxo en una larga introducción que va dando paso a la letra de la canción y, después, a la aparición de las guitarras. Esta es su letra:

 

 

“No me amarga el sabor de la derrota.
Del fracaso ya he sido compañero.
Me acurruco al calor de mis pelotas
y me fijo en cómo les crece el pelo.

¡Pide un deseo!
Quiero que caiga una droga del cielo,
puro veneno,
que haga del mundo un lugar más ameno.

Y respirar, que entre bien dentro sólo con respirar.

Me ha cagado en la calle una paloma,
que llaman de la paz, la mensajera.
Me calienta el calor de las personas
y hace un frío que pela por la acera.

¡Pide un deseo!
Quiero que el odio me salga de dentro.
¡Pide un deseo!
Quiero cambiar este mundo tan feo.

Y respirar, y poder decir que estoy aquí, que estoy
en contra de todo.

Anda, cállate

¡Y pide un deseo!
Quiero que caiga una droga del cielo,
puro veneno
que haga del mundo un lugar más ameno.

Y respirar, que entre bien dentro sólo con respirar”.

 

 

EL ORIGINAL

 

THE WATERBOYS: Red Army Blues

 

 

Tal y como propone J.A. Gutiérrez, “Otra inútil canción para la paz” tiene una melodía similar a “Red Army Blues” de The Waterboys, además de compartir la preponderancia del saxo en la canción, la estructura de tema largo y épico, reforzado por la irrupción de las guitarras en determinados pasajes de ambas.

 

 

“Red Army Blues” apareció en el segundo disco de The Waterboys, A Pagan Place, publicado en junio de 1984, aunque anteriormente había aparecido  como cara B del maxi-single “December”, canción esta última extraída de su disco homónimo de debut de 1983.

 

 

Según asegura Mike Scott en su web thewaterboys.com, “parte de A Pagan Place procede de unas sesiones grabadas en noviembre de 1982 en los estudios Redshop en el norte de la ciudad de Londres. Otras canciones registradas entonces fueron publicadas en The Waterboys y, mucho tiempo después, en The Secret Life of the Waterboys, y en su conjunto podrían constituir un álbum por sí mismas. “All The Things She Gave Me”, “Red Army Blues”, “Some of My Best Friends Are Trains”, “The Thrill Is Gone”, “I Will Not Follow” y otras muchas, son algunas de estas canciones. Los músicos que participaron fueron: Anthony Thistlethwaite (saxofón y mandolín), Kevin Wilkinson (batería), Tim Blanthorn (violín y coros) e Ingrid Schroeder (coros), de cuya voz me enamoré cuando la escuché en una maqueta en la oficina de Ensign Records. Yo me encargué de todas las guitarras, piano y teclados, además de compartir el bajo con Nick Linden de la banda Terraplane. Por entonces no existían The Waterboys como banda, y para la discográfica Ensign Mike Scott era todavía un artista que iniciaba su carrera como solista”.

 

 

En concreto, “Red Army Blues” habla de un joven soldado ruso que parte a luchar al frente contra los alemanes en el verano de 1943. Después de múltiples penalidades defendiendo a la ‘madre Rusia’ se encuentra con que de vuelta a su país y tras venir triunfante de Berlín y quemar el Reichstag es deportado junto con miles de rusos a campos de concentración en Siberia. Todo ello debido a que para el camarada Stalin estos sujetos se han contaminado de ideas poco convenientes al resto al entrar en contacto con los soldados occidentales.

 

 

Esta es su letra traducida:

 

“Cuando dejé mi casa y mi familia
mi madre me dijo
“Hijo, no es cuántos alemanes asesines lo que cuenta
¡Es cuántas personas liberes!”

Así que hice las maletas,
cepillé mi gorra,

salí al mundo
Diecisiete años de edad,
nunca había besado a una chica.

Tomé un tren a Voronezh.
Eso fue lo más lejos que llegaría.
Cambié mis ropas por un uniforme,
me mordí los labios contra la nieve,
recé por la madre Rusia.
En el verano del 43
y mientras llevábamos a los alemanes
realmente creía
que Dios me estaba escuchando.

Aullamos en Berlín,
destrozamos los edificios,

levantamos una gran bandera roja,
quemamos el Reichstag.
Vi mi primer americano
y él se parecía mucho a mí.
Tenía la misma cara de agricultor que yo.
Dijo que venía de algún lugar llamado Hazzard, Tennessee

Luego la guerra terminó.
Vinieron mis papeles dándome el alta
a mí y a otros ciento veinte.
Fui a Stettiner para el tren.
“¡Kiev!”, dijo el comisario.
Desde allí estás en el camino a casa.
Pero nunca llegué a Kiev.
Nunca fuimos a casa.
Fui en tren al Norte a la Taiga.
Fuimos despojados y marchamos en fila
por el camino siberiano
durante millas y millas y millas y millas.
Vestidos de rayas y jirones
nos dejaron en un Gulag para morir.
Todo porque el Camarada Stalin tenía miedo de que
¡Nos occidentalizáramos!

Solía amar a mi país,
solía ser tan joven,
solía creer que la vida era
la mejor canción jamás cantada.
Debería haber muerto por mi país
en 1945
Pero ahora sólo una cosa queda,
pero ahora sólo una cosa queda,
pero ahora sólo una cosa queda,
pero ahora sólo una cosa queda:
¡La voluntad bruta de sobrevivir!”.

 

 

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