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NACHO VEGAS: En la sed mortal – LEONARD COHEN: So Long, Marianne

LA POSIBLE COPIA

 

NACHO VEGAS: En la sed mortal

 

“En la sed mortal” es una canción compuesta e interpretada por Nacho Vegas en su disco Cajas de música difíciles de parar, editado por Limbo Starr en 2003. En el disco doble, este era el tema que cerraba el primero de los dos álbumes.

 

Nacho Vegas explicó su contenido en su momento: “Cuando preparaba el repertorio del que sería mi primer álbum, Actos inexplicables, me encontré con que no eran pocas las canciones que deseaba grabar, y que además eran largas (la mayoría superaban los cinco minutos). Fue entonces cuando consideré por primera vez la posibilidad de un álbum doble. Sin embargo, acabamos desechando la idea: una grabación más larga o intensa de lo normal siendo virgen en solitario y sin tener aún una banda fija era algo para lo que no me veía preparado. También para Limbo Starr se iba a tratar de la primera referencia y era natural que no les pareciera prudente.

 

Un año y pico después comenzamos a pensar en un nuevo álbum. Había muchas nuevas canciones, y seguía queriendo grabar algunas de las que ya habían formado parte del posible repertorio de Actos inexplicables y que al final no fueron incluidas por una u otra razón. En total tenía un posible repertorio de treinta y dos temas. Tras una criba en la que quedaron fuera canciones que no me parecían bien acabadas o que se alejaban un poco del tono general del resto, en agosto entramos al estudio de Paco Loco a grabar un total de veintiséis temas, de los cuales veinte conforman Cajas de música difíciles de parar. De los restantes, tres fueron incluidos en el epé Miedo al zumbido de los mosquitos, publicado el pasado octubre. Los otros tres permanecen en la recámara.

 

Con este álbum espero, pues, dar cuenta de la mayor parte de las canciones que he escrito en los últimos años. Algunas realmente antiguas en su génesis, como Por culpa de la humedad; otras muy recientes, como Gang-bang o N. V. por la paz mundial. Sin embargo, creo que lo que dota al álbum de unidad, lo que actualiza cada una de las canciones es el momento en que han sido grabadas. Entiendo que ellas poseen vida propia, de modo que con el tiempo van mutando; las letras varían, las interpretaciones reinventan la música. Sé que escuchar a un solista decir “ahora somos una banda” suena a tópico, pero en algunos casos los tópicos contienen gran parte de verdad y yo no me resisto a suscribir este.

 

Jairo Moreno, Iker González, Manu Molina, Diego Yturriaga y yo registramos este álbum como un grupo de rock mucho más que como un cantautor con una banda “de apoyo”, grabando en directo y dejando que las canciones se hicieran con nosotros en lugar de nosotros con ellas, y sacrificando — algo para mí muy necesario- la perfección en beneficio de la urgencia. De la banda, sólo Manu, a la batería, había estado presente en Actos inexplicables. Es el más joven del grupo, pero el más experimentado. Forma parte de diferentes bandas asturianas —de percusión, de funk, de jazz- y además suele acompañar al nunca bien ponderado Luis Navarro. A Diego lo conocí bien tocando con Migala y enseguida le propuse formar parte del grupo. Él es de las pocas personas con las que me resulta fácil hablar de las canciones. Iker lideró grupos gijoneses de breve vida (El Visitante Inesperado y Jardín Mecánico) y próximamente formará parte de Mus en su gira norteamericana. Su sensibilidad al piano y sus maneras poco ortodoxas de tocar la guitarra eléctrica no dejan de maravillarme. Para Jairo esta fue su primera experiencia musical (después también ha colaborado con Aroah) y, sin embargo, su concienzudo punto de vista sobre las canciones y el sustento que proporcionan sus líneas de bajo le hacen indispensable en el grupo.

 

Poco tiempo antes de la grabación del álbum coincidí una noche con J, tras un concierto de Los Planetas, y le invité a colaborar (o tal vez se invitara él mismo). Sabía que quería una segunda voz para el tema Noches árticas, pero no estaba seguro de la melodía ni de la letra. Pensar en J haciendo esa voz fue lo que me acabó dando la melodía. Luego encontré la letra leyendo en cierta novela una referencia a un sonido que semejaba al de unas “cajas de música difíciles de parar”. Fue el último verso que escribí de todo el álbum, así que tomé la frase literal de la que había surgido y se me antojó como posible título, que a la sazón fue el definitivo. La voz de J, entre tímida y perturbadora, me dio la clave para construir la breve coda que cierra el álbum.

 

Beatriz, de Nosoträsh, cantó en La plaza de La Soledá, una de mis canciones favoritas del disco y sin duda, gracias a su voz, el estribillo que más me gusta volver a oír.

 

Thalia Zedek, después de su actuación en Benicàssim, fue invitada por Paco Loco y su mujer Muni a pasar unos días en su casa del Puerto de Santa María, así que se encontraba por allí cuando comenzamos a grabar el disco. Suyo es el clarinete en Gang-bang, y viene a demostrar que no sólo es una de las mejores singer-songwriters actuales, sino que en general posee una gran sensibilidad musical.

 

Paco Loco presidió la grabación poniendo en ella todo su talento, su paciencia y su sentido del humor (y tiene mucho de las tres cosas).

 

En septiembre realizamos una serie de grabaciones adicionales en Gijón; fundamentalmente partes de cuerda y viento. Para ello me reuní con Carlos José Martínez, con quien ya había trabajado en Actos inexplicables (y que además es responsable de arreglos en discos como La pena máxima, de Sr. Chinarro; Los diarios de petróleo, de Chucho; o Esperanza, de Manta Ray). Con él hablé y escuché detenidamente las canciones, y aun así sabía que cuando me mostrara los arreglos que había escrito iba a tener cabida lo inesperado. Es lo que me gusta de Carlos; a veces consigue enseñarte lados de las canciones que tú aún no habías descubierto. Y creo sinceramente que en este disco los arreglos (más puntuales e integrados de forma más sutil que en Actos inexplicables), lejos de hacer las canciones más “bonitas” o más “dramáticas”, pasan a formar parte integrante de ellas, poniéndose a su servicio, del mismo modo que lo hacen los personajes de una obra.

 

Finalmente volví a Cádiz para mezclar el disco. Diego me acompañó, porque quería tener el punto de vista de alguien del grupo y porque aún tenía que grabar alguna de sus partes. Asimismo, en esos días grabé la última de las veintiséis canciones, La canción de la duermevela, que es precisamente la última del álbum. La dejé para el final porque constaba solamente de voz y guitarra, aunque en un principio tenía la ilusión de que pusiera su voz la cantante de tonada asturiana Mari Luz Cauñedo. Por una u otra razón nunca llegué a proponérselo, y esa es una de las espinas que me han quedado clavadas con este disco (colecciono espinas de cada disco que grabo).

 

No puedo dejar de mencionar que en esta grabación estuvieron bien presentes Juan y Harry, los perros que vivían allí con Paco y Muni*

 

Y hasta aquí puedo contar. Sobre el diseño y fotografías del álbum les puede hablar un señor que responde al nombre de C. S. Ulla, si es que lo localizan (nadie sabe dónde vive). Cualquier otro punto oscuro deberá ser aclarado personalmente con David López en las oficinas de Limbo Starr. Él sabe cómo actuar.

En una ocasión le preguntaron a Lou Reed por lo que significaban para él sus discos. Él respondió algo así como que lo que le gustaba era que capturaban un momento en el tiempo. Que de alguna manera lograban detener el tiempo, pero que luego la vida seguía, y había que pasar página, hacer más discos, etc. Y bueno, aunque no se trate del Transformer, yo creo honestamente que Cajas de música difíciles de parar ha conseguido capturar un momento particular de mi vida. Ahora pasaré página.

Nacho Vegas, enero de 2003

 

*Poco después de acabar el disco, Juan y Harry desaparecieron. Se fueron de casa y no volvieron nunca. Al cabo de unas semanas, estaba yo caminando por la calle en Gijón y vi a una chica que llevaba atado a una correa a un perro que era idéntico a Harry: la misma raza, el mismo moteado en la piel, el mismo tamaño. Incluso sus ojos me parecieron iguales. Me quedé mirándolo un rato, y el perro se dirigió a mí al trote, tirando de la dueña. Y estaba el chucho allí, olfateándome los pies, cuando oigo que la chica le grita: “¡No, Harry! ¡Ven aquí, Harry!” Era obvio que tenía que tratarse de otro Harry, pero de alguna manera también era el mismo. O al menos para mí lo fue por un segundo. Como auténtico fan de las casualidades, si alguien que lea esto también lo es le recomiendo al primer Paul Auster, en particular un librito suyo llamado El cuaderno rojo. Contaré otra que también tiene que ver con los perros, esta vez durante la grabación del disco: durante los primeros días Juan y Harry se enzarzaban con frecuencia en peleas terribles entre ellos. En una de ellas Juan le arrancó a Harry un trozo de oreja. Muni lo llevó entonces al veterinario, y este le dijo que probablemente se tratara de una cuestión de rivalidad sexual o algo así, y que si quería que dejasen de pelearse lo único que podía hacer era castrar al animal dominado, en este caso Harry. Recuerdo que yo salía del estudio cuando Muni acababa de volver del veterinario. Hablaba con Paco, y lo primero que le oí decir es “no hay más que una solución: la castración”. Esos días estábamos grabando las voces, y yo justo salía de repetir uno de los versos de Gang-bang, que dice “no hay más que una solución: ¡castración!” No es el tipo de frase que uno oye varias veces al día, creo. Me gustaría añadir, para acabar, que por suerte Muni no quiso hacerle caso al veterinario y los perros al cabo de unos días dejaron de enzarzarse sin necesidad de recurrir a soluciones dramáticas.

 

Esta es su letra:

“Llevo ya una copa de más,
aquí en La Sed Mortal, cuando llega Dodó.
Y yo no me muevo de aquí,
y aun así habré de llegar a la conclusión de que no hay
un ser más culpable que yo,
ni lo habrá, sobre la tierra.

Y empiezo a pedir así:
Por las cosas que siento y por aquellas que odio sentir,
por mi mala cabeza
porque mi calavera, ella no dejará de reír,
por las lunas nuevas,
por las cosas revueltas que dan vueltas dentro de mí,
por seis años de penas
y por cosas que ni tan siquiera me atrevo a decir.
Perdón por mis pies siempre fríos,
por la noche pasada, y por la otra, y por aquella también.
Perdón por el Gran Sinsentido,
por querer comprenderlo y, sobretodo, por no comprender …
Perdón.

Y Dodó me observa,
y yo le oigo rezar así: “Perdón por existir.”

Y amablemente invito a una copa a Dodó,
y él me cuenta que incluso los perros se ponen tristes después de eyacular.
Y acabamos agarrados en La Sed Mortal,
y yo puedo jurar que no hay
un ser más culpable que yo,
ni lo habrá, sobre la tierra.
Y por dos mil años de cristiandad;
por tener la osadía de alimentarme y de respirar;
por los superdotados,
por el hombre tripudo y por la liberación sexual,
por el circo italiano,
por el viejo que agita una servilleta al hablar
y me jura y me perjura que en ella
ha resuelto el misterio de la Santísima Trinidad.

Perdón por la gente moderna,
porque corro el peligro de mirarla y perder la razón.
¡Perdón, por el amor de Dios!,
por la gran decadencia de una vida pidiendo perdón.
Perdón, perdón por los cuatro elementos,
por la tierra y el agua y el fuego y la polución.
Perdón, perdón por todos mis lamentos,
por Dodó y, en fin, hoy pido por esta canción.
Perdón.

Y os miro a los labios,
y a todos oigo pedir perdón por existir”.

 

EL ORIGINAL

 

LEONARD COHEN: So Long, Marianne

 

Según señala Rodrigo en el apartado de esta web destinado a proponer parecidos entre canciones, “En la sed mortal” de Nacho Vegas recuerda a “So Long, Marianne” de Leonard Cohen, canción incluida en su disco de debut Songs of Leonard Cohen de 1967.

 

La canción parte de su relación con la noruega Marianne Ihlen, a quien Cohen conoció en la isla griega de Hidra en 1960, aunque su relación no se iniciase hasta dos años después. Entre Hidra, Oslo, Montreal y Nueva York, ambos vivieron una relación intermitente de siete años que nunca olvidarían, como prueba la carta que Cohen le escribió en 2016 antes de la muerte de ella.

 

Esta canción ha sido versionada, entre otros, por Beck, Bill Callahan, Brian Hyland, James, Russian Red, Perla Batalla, Phil Campbell, Adam Cohen o John Cale con Suzanne Vega.

 

Esta sería su traducción:

“¿No vas a acercarte a la ventana, pequeña mía?
Me gustaría intentar leer la palma de tu mano.
Solía pensar que era un pequeño gitanillo,
antes de dejarte que me llevaras a casa

Ahora, hasta la vista, Marianne,
es hora de que empecemos a reír y a llorar,
a llorar y reírnos de todo ello otra vez.

Sabes que de verdad me encanta vivir contigo,
pero me haces olvidar tantísimo.
Me olvido de rezar por los ángeles,
y luego los ángeles se olvidan de rezar por nosotros.

Ahora, hasta la vista, Marianne,
es hora de que empecemos a reír y a llorar,
a llorar y reírnos de todo ello otra vez.

Por ahora, necesito tu amor oculto,
estoy frío como la hoja de una cuchilla nueva.
Tú te marchaste cuando te dije que tenía curiosidad,
yo nunca dije, nunca dije, nunca dije que fuese valiente.

Oh, hasta la vista, Marianne,
es hora de que empecemos a reír y a llorar,
a llorar y reírnos de todo ello otra vez.

Oh, hasta la vista, Marianne,
es hora de que empecemos a reír y a llorar,
a llorar y reírnos de todo ello otra vez.

Oh, realmente eres una preciosidad,
veo que has ido y te has cambiado de nombre de nuevo.
Y justo cuando escalé toda esta ladera de la montaña,
para lavar mis párpados, lavar mis párpados con la lluvia.

Oh, hasta la vista, Marianne,
es hora de que empecemos a reír y a llorar,
a llorar y reírnos de todo ello otra vez.

Oh, hasta la vista, Marianne,
es hora de que empecemos a reír y a llorar,
a llorar y reírnos de todo ello otra vez”.
 

NACHO VEGAS: En la sed mortal – LEONARD COHEN: So Long, Marianne
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