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SINIESTRO TOTAL: Bailaré sobre tu tumba – THE KINGSMEN: Louie Louie

LA POSIBLE COPIA

 

SINIESTRO TOTAL: Bailaré sobre tu tumba

 

 

“Bailaré sobre tu tumba” es la séptima canción de la cara A contenida en el cuarto álbum del grupo Siniestro Total. El disco fue titulado de la misma manera, Bailaré sobre tu tumba, y lo editó en el mes de diciembre de 1985 la discográfica Discos Radioactivos Organizados.

 

 

El álbum llevaba en su cara A ocho nuevas canciones de la banda y, en su cara B, siete de sus canciones grabadas en directo durante el verano de 1985 en los conciertos que la banda había ofrecido en Santiago de Compostela, Vigo, Alcázar de San Juan y Valladolid.

 

 

En la reedición en compacto del año 2002 se incorporaron los temas “No me lavo en la vida”, “Cada día somos más”, “No me mates con tomate” y “We Are the World”.

 

 

Esta es su letra compuesta por Julián Hernández:

“Te mataré con mis zapatos de claqué
te asfixiaré con mi malla de ballet
te ahorcaré con mi smoking
y morirás mientras se ríe el disc-jockey

Y bailaré sobre tu tumba

Te degollaré con un disco afilado
de los Rolling Stones, o de los Shadows
te tragarás la colección de casetes
de las Shangri-Las o de las Ronettes

Y bailaré sobre tu tumba

Te clavaré mi guitarra
te aplastaré con mi piano
te degollaré con mis platillos
te trepanaré con mi órgano Hammond

Y bailaré sobre tu tumba”.

 

 

 EL ORIGINAL

 

THE KINGSMEN: Louie Louie

 

 

Santiago Santiago, en el apartado de esta web destinado a comentar parecidos entre canciones, señala que “Bailaré sobre tu tumba” tiene una estructura armónica y un ritmo prácticamente clavado a “Louie Louie”, cambiando donde caen las notas de la melodía. La historia de esta canción es ciertamente curiosa. Así la recoge, por ejemplo, Magazine Panda:

 

 

“Corrían los años cincuenta. En Estados Unidos, los adolescentes, desafiando las reglas y derrocando viejos tabúes, habían protagonizado la primera rebelión juvenil de la historia. Un nuevo tipo de música nacía para poner banda sonora a aquellos acontecimientos. Eran los primeros pasos del rock & roll. De repente, nombres como Elvis Presley, Chuck Berry o Little Richard frecuentaban las emisiones de radio.

 

 

En 1954, un jovencito llamado Richard Berry aguardaba en un pequeño salón de baile de Los Ángeles el momento para cantar con su entonces banda, (Rick Rillera &) The Rhythm Rockers, cuando sonó una canción de ritmos caribeños que lo descolocó. Berry se sorprendió a sí mismo tarareando aquel endiablado “duh-duh-duh duh-duh”. Segundos después se abalanzaba sobre una servilleta de papel para garabatear en ella un par de líneas.

 

 

Aquel pegadizo ritmillo no había abandonado la cabeza de Berry cuando, un año más tarde, escribió la historia de un marinero jamaicano que cuenta a un barman llamado Louie las ganas que tiene de ver a su chica. En 1957, el sello Flip Records lanzaba la canción, grabada por The Pharaohs, nueva banda de Berry.

 

 

La canción, que había aparecido como cara B de una versión de la clásica “You Are My Sunshine”, tuvo cierto éxito en Los Ángeles, por lo que el grupo decidió lanzarla de nuevo, esta vez como cara A, e iniciar una gira por la costa noroeste del país. Sin embargo, a pesar de ello, la canción no logró alcanzar las listas de éxitos nacionales. Y Berry, que necesitaba dinero para pagar los gastos de su inminente boda, vendió a Flip Records los derechos de la canción por 750 dólares.

 

 

Tres años después, el tema fue recuperado por un veinteañero de Tacoma (Washington) conocido como Rockin’ Robin Roberts, quien creyó que podía darle un carácter distinto, añadiendo elementos propios, como el peculiar solo de guitarra. De esta forma, Rockin’ Robin Roberts and the Fabulous Wailers (nada que ver con la célebre banda de Bob Marley) grabó la primera versión rock & roll de “Louie Louie”.

 

 

El single, lanzado un año más tarde con su propia compañía, Etiquette Records, tuvo buena aceptación en ciudades como Tacoma y Seattle. Pero, como le había ocurrido antes a Berry, no consiguió hacerse un hueco en las listas de éxitos nacionales. En cualquier caso, “Louie Louie” se había convertido ya en un himno regional en el noroeste de EE UU.

 

 

Abril de 1963. Cuatro chavales entran con sus instrumentos a cuestas en los estudios Northwest, situados en la Décima Avenida de Portland, en Oregón. Son The Kingsmen. Por apenas 52 dólares, en una sola toma, con el tiempo justo y un solo micrófono, graban su versión de “Louie Louie”, inspirada en la de los Wailers. El resultado, el previsible: una pésima calidad de sonido y una letra casi ininteligible. Aunque en ese momento no son conscientes, esta sucia grabación dará la vuelta al mundo y se convertirá en un mito de la historia del rock.

 

 

Con una semana de diferencia, otra incipiente banda, Paul Revere and the Raiders, entró en el mismo estudio de la Décima Avenida de Portland con idéntico objetivo: grabar su versión del mismo tema de Berry. Tuvieron mejor acogida que The Kingsmen y en seguida llamaron la atención del gigante Columbia Records.

 

 

Debido a fuertes discusiones entre Jack Ely, cantante del grupo, y Lynn Easton, batería, y creyéndose batidos por los Raiders, The Kingsmen se separaron en verano. No obstante, la diosa Fortuna aún no había dicho su última palabra…

 

 

En octubre, en su programa de la radio WMEX, el disc jockey Arnie Ginsburg cita la versión de Kingsmen como “la peor canción de la semana”. En contra de lo cabría esperar, las ventas, que hasta ese momento no superaban las seiscientas copias, se disparan. La poderosa distribuidora neoyorkina Wand Label se hace cargo de la canción, y, en una semana, se venden más de veintiún mil unidades. El 7 de diciembre, la canción alcanza el cuarto puesto en la lista Billboard, y en enero del siguiente año sube hasta la segunda posición, que no abandonará en dieciséis semanas.

 

 

Entre diciembre y enero empezó a extenderse el rumor de que la incomprensible letra de los Kingsmen escondía, en realidad, connotaciones obscenas. Inmediatamente aumentó su popularidad entre una juventud que comenzaba a desafiar la vieja moral sexual de la época. Pero, al mismo tiempo, se convirtió en el centro de las iras del sector más conservador…

 

 

A principios de 1964, el entonces fiscal Robert Kennedy recibió la carta de un padre preocupado por el supuesto contenido erótico de “Louie Louie”. El gobernador de Indiana, Matthew Welsh, quien después de escuchar la canción declaró que era tan pornográfica que “sus orejas se estremecieron”, prohibió su emisión en todo el estado.

 

 

El caso empezaba a preocupar a las autoridades… El FBI abrió entonces una investigación que, después de treinta semanas, acabó sin cargo alguno para la banda. “Siempre he pensado que el sello se inventó la controversia”, declararía años más tarde el cantante Jack Ely a la revista Rolling Stone. Se estima que, en el tiempo que duró la polémica, se vendieron cerca de cuatro millones de copias del single.

 

 

A mediados de los sesenta se popularizó entre la juventud estadounidense una forma más sencilla y cruda de rock & roll, influida sin duda por la Invasión británica. Surgieron numerosas bandas, formadas por chavales de escasa pericia instrumental que ensayaban en el garaje de sus casas. Suplían su inexperiencia con una poderosa energía juvenil, lo que para ello era el verdadero espíritu del rock. Guitarras distorsionadas al máximo, baterías agresivas y letras pegadizas eran las señas de identidad de un nuevo estilo musical que vio en “Louie Louie” el prototipo perfecto del descuidado “sonido garage”. El contagio se expandió cuando los llamados reyes del garage de Tacoma, The Sonics, grabaron una de las más feroces versiones de la canción.

 

 

Éstas son sólo algunas de las versiones más características de “Louie Louie”. Hay muchísimas más. En un programa especial dedicado a la canción, la radio californiana KFJC emitió, en agosto de 1983, durante sesenta y tres horas seguidas, más de ochocientas versiones distintas, y estimaron que, en ese momento, podría haber grabadas cerca de mil seiscientas. Es, junto al “Yesterday” de los Beatles, la canción más versionada de la historia.

 

 

Tras varios años de luchas legales, Richard Berry recuperó, en 1992, los derechos de autor de la canción. Se calcula que, hasta su muerte, el 23 de enero de 1997, éstos le reportaron cerca de dos millones de dólares”.

 

 

Estos son algunos de los artistas que han hecho versiones de la canción: Barry White, Black Flag, Blondie, Bobby Fuller Four, David Bowie, Frank Zappa, Grateful Dead, Iggy Pop, Ike & Tina Turner, Jan & Dean, Jim Capaldi, Joan Jett & The Blackhearts, Johnny Thunders, Johnny Winter, Kiss, Maureen Tucker, MC5, Mongo Santamaria, Motörhead, Nick Cave & Boys Next Door, Otis Redding, Patti Smith, Robert Plant, The 101ers, The Ad-Libs, The Beach Boys, The Beau Brummels, The Blues Brothers, The Clash, The Cramps, The Cult, The Fat Boys, The Feelies, The Flamin’ Groovies, The Headcoats, The Iguanas, The Kids, The Kinks, The Nomads, The Queers, The Queers, The Sandpipers, The Sisters of Mercy, The Sonics, The Stooges, The Tams, The Troggs, The Ventures o Toots & The Maytals.

 

 

Esta sería la traducción de su letra:

 

“Louie, Louie, oh no, me tengo que ir.
Louie, Louie, oh baby, me tengo que ir.

Una niña bien, que me espera.
Cojo el buque a través del mar
Tengo que navegar en el barco solo.
Yo creo que nunca iré a casa.

Louie, Louie, oh no, me tengo que ir.
Louie, Louie, oh baby, me tengo que ir.

Tres noches y días navegamos en el mar.
recuerdo a la chica constantemente.
En el barco, tengo un sueño
huelo la rosa en el pelo.

Louie, Louie, oh no, me tengo que ir.
Louie, Louie, oh baby, me tengo que ir.

Quiero ver la luna por encima de Jamaica.
No pasará mucho tiempo hasta que vea a mi amor
la tomaré en mis brazos y luego
le diré que nunca la dejaré de nuevo”.

 

 

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