LA POSIBLE COPIA
ESTELARES: Doce chicharras
“Doce chicharras” es la canción que abre El costado izquierdo, el álbum que la banda argentina Estelares publicó en 2012 a través de la compañía discográfica Discos Popart y con la distribución del sello Sony Music Entertainment Argentina.
La canción pertenece a una etapa en la que la banda consolidó definitivamente su identidad poética y sonora dentro del rock argentino. El tema funciona como una puerta de entrada al clima emocional del disco: introspectivo, melancólico, luminoso y herido a la vez.
Aunque Estelares firma colectivamente sus canciones, la autoría lírica recae casi siempre en Manuel Moretti, cuya escritura se caracteriza por imágenes sensoriales, referencias íntimas y una sensibilidad literaria que lo ha convertido en uno de los letristas más singulares de su generación.
En “Doce chicharras”, Moretti vuelve a su universo habitual: la memoria, la identidad, el desconcierto ante uno mismo y la búsqueda de sentido en medio de la oscuridad emocional. La canción se abre con una imagen que condensa ese desconcierto existencial: “¿Qué es esa luz radiante que agita mi corazón?” . Como en muchas de sus composiciones, Moretti utiliza un símbolo natural —la luz, las chicharras, el jardín— para hablar de un proceso interno. Las chicharras, asociadas al verano y al interior de la provincia de Buenos Aires donde creció, funcionan como un eco de la infancia, un sonido que vuelve cuando algo profundo está cambiando.
En entrevistas, Moretti ha explicado que muchas de sus letras nacen de períodos de aislamiento, de largas temporadas de escritura fragmentada y de estados emocionales intensos. “Doce chicharras” parece surgir de ese tipo de proceso: la letra menciona “varios días a solas” y “varias noches a oscuras”, imágenes que sugieren un tránsito interior, una especie de naufragio emocional del que se aprende algo esencial.
El verso “Días oscuros tan necesarios, si no me hubiese hundido hoy no hablaría del amor” se ha convertido en uno de los más recordados del tema, porque condensa una idea central en la obra de Estelares: la noción de que el dolor, lejos de ser un obstáculo, es un territorio donde se revelan verdades profundas.
Musicalmente, “Doce chicharras” presenta el sonido característico de Estelares en su etapa madura: guitarras limpias y melódicas, un tempo contenido, arreglos sobrios y una interpretación vocal que combina vulnerabilidad y firmeza.
Esta es su letra:
“¿Qué es esa luz radiante
que agita mi corazón?
Algo está pasando
¿puedes decirme quién soy?
Varios días a solas
algo parece cambiar
varias noches a oscuras
has aprendido a nadar.
Somos solos, pero te creo
Algo suena en mí
y es mejor que una canción.
Días oscuros, tan necesarios
si no me hubiese hundido
hoy no hablaría del amor.
En el jardín florido
vuela un puñal sin razón
Doce chicharras rosas bailan al son de este sol.
Me dijeron mil veces
debes inventarte un Dios
y un millón de días desperté de mi pavor”.
EL ORIGINAL
AL CORLEY: Square Rooms
Tal y como nos señala Leonardo en el apartado de esta web destinado a proponer parecidos entre canciones, “Doce chicharras” de los argentinos Estelares recuerda en su melodía al tema “Square Rooms” de Al Corley, asegurando que se trata de un robo.
“Square Rooms” es una canción del cantante y actor estadounidense Al Corley, publicada como single el 9 de septiembre de 1984 a través de la compañía discográfica Mercury. Se incluyó en su álbum de debut, también titulado Square Rooms.
El tema, de estética euro‑pop y compuesto con sintetizadores, fue producido por Harold Faltermeyer, uno de los nombres clave del sonido electrónico de los años 80, conocido por su trabajo con Donna Summer y por componer “Axel F”.
Su lanzamiento coincidió con un momento particular en la carrera de Corley: acababa de abandonar la serie Dinastía, donde había interpretado a Steven Carrington durante dos temporadas, para dedicarse a la música. Su imagen -mirada intensa, gesto melancólico, estética de modelo de revista- encajó perfectamente con el clima visual del pop ochentero.
“Square Rooms” fue escrita por Al Corley, Harold Faltermeyer y Peter John Woods, y grabada en los Weryton Studios en 1984. El sonido del tema responde plenamente al canon del pop electrónico de la época: cajas de ritmo programadas, líneas de bajo electrónicas, sintetizadores y una interpretación vocal contenida, casi distante, que refuerza el clima emocional de la letra.
La letra de “Square Rooms” ha sido interpretada como una reflexión sobre la soledad, el aislamiento emocional y la desconexión social. La repetición de la imagen de las cuatro paredes sugiere un espacio cerrado, rígido, casi claustrofóbico, que puede entenderse tanto de manera literal como metafórica: un cuarto real, una rutina sin salida o la propia mente atrapada en pensamientos repetitivos.
Otros análisis profundizan en la idea de que las “square rooms” representan una mentalidad limitada, un estado psicológico donde el protagonista no logra liberarse de sus propias ilusiones o frustraciones. El mundo exterior aparece estancado, lo que refuerza la sensación de vacío y frialdad emocional.
Esta sería la traducción de su letra:
“Pensando entre cuatro paredes,
un ser humano, falto de ilusiones.
La depresión y el estrés marcados sobre,
un rostro lleno de angustia y tristeza,
¿es eso a lo que aspiramos?
¿Estará el mundo destinado,
a este añejo vicio,
moviéndose sin rumbo
y cayendo en la indiferencia?
El viento deja de soplar,
las nubes desaparecen,
nos encontramos… completamente solos.
Ah, ah, ay. Ah, ah, ay.
Lo sé, también las puedo ver.
Ah, ah, ay. Ah, ah, ay.
Igual yo, paso por lo mismo.
Puedo sentirlas, puedo verlas.
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ellas no escuchan,
a ellas no les interesa…
si un hombre pierde las esperanzas.
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ellas no entienden razones,
a ellas no les importa…
¡si un hombre pierde la voluntad de vivir!
Los paseos largos y frecuentes ayudan,
a despejar la mente, de uno con los demás.
Y si todavía no les mueve lo que digo,
ignórenlo como siempre acostumbran.
Pero ahora que me doy cuenta,
al igual tampoco lo hemos hecho
¡ya basta de palabrerías!
Ahora mismo, ustedes y yo,
no paremos, hasta el final de nuestros días.
Ah, ah, ay. Ah, ah, ay.
Lo sé, al igual las puedo ver.
Ah, ah, ay. Ah, ah, ay.
Sí, también paso por lo mismo.
Sé lo que se siente, puedo verlas.
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ellas no ponen atención,
a ellas no les interesa…
si un hombre se encuentra desesperado.
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ellas no entienden nuestros problemas,
a ellas no les importa…
¡si un hombre pierde su ilusión de vivir!
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ah-ah-ah-ay, las cuatro paredes.
Ellas nunca nos escuchan,
a ellas jamás les importará…
si un hombre pierde sus anhelos”.
